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¿Cómo controlar el enojo?

  • 4 sept 2016
  • 4 Min. de lectura

Pareciera a veces que el mundo anda más enojado. La gente se sube a un auto y no puede hacer un viaje de 20 minutos sin insultar, en su cabeza, con gestos o verbalmente, a otro conductor / peatón / semáforo, etc. Las redes sociales se llenan de mensajes de ira y los comentarios a esos mensajes, tanto de apoyo como en contra, contienen todavía más enojo. Cualquier sitio puede ser un campo de batalla.


Reflexionaba sobre eso y como es usual, lo hago con los dedos sobre el teclado, por lo que me puse a buscar información y llegué a un video genial, se llama justamente así “cómo controlar el enojo”, pero en inglés. Quienes manejan el inglés pueden, como en un libro de “Elije tu propia aventura”, saltear hasta el link o seguir mi versión de lo que dice el autor, Brendon. Para quien tiene facilidad con el inglés, véanlo, lleva el monólogo de maravillas y con ese espíritu yanqui motivacional “yes we can” (pero con contenido).

Por suerte no nos da muchas vueltas en ese “cómo” del título y arranca con 4 maneras para lidiar con el enojo, hoy les mando la primera.

  1. ¡Espera!

¿Qué pasaría si al momento de escribir ese comentario en Facebook, en ese ridículo post de política, se cortara la luz? De pronto estamos buscando velas, nos vemos obligados a hablar con gente con la que vivimos o con vecinos, recordamos que podemos cocinar en hornallas y no sólo en microondas… Y entre todo, olvidamos lo que íbamos a decir, olvidamos todo el comentario que lo originó. ¿Qué pasaría al volver? ¿Seríamos igual de malvados en lo que pensábamos postear?

Bueno, imaginemos que ese espacio entre lo que generó el enojo y nuestra respuesta pudiera ser intencional, consciente.

La idea es entrenar a la mente. ¡Claro que la mente también se entrena! Y es muy simple (aunque muy difícil), apenas sientas ese enojo le decís a tu mente que espere.

Hay una muy buena razón para entrenar a tu mente. Si notás que hay algo que te molesta del mundo y ese algo se repite constantemente en tu vida, en tus relaciones, puede ser que esté saliendo de un lugar de impulsividad, de reactividad. Y es común justificarlo “mirá lo que me hiciste hacer”, “me hiciste sentir así”. Pero la verdad es que nadie nos hace sentir de una manera sin que le demos permiso. Son como esos vampiros a los que hay que invitar a entrar o no pueden pasar. Es nuestra responsabilidad. Está en nosotros controlar nuestras imágenes pensamientos y sentimientos internos.

Pero te estamos diciendo (Brendon y yo) algo que ya sabés. El tema es que en el momento del enojo la reacción simplemente sale.

¿Por qué? Porque sale de un lugar de impulsividad, de un lugar de preocupaciones que usualmente no tenemos. Es un lugar infantil que grita “¿¡Cómo te atreves?!” Cuando en realidad no era para tanto. Por eso le llama la “mente dramática”. ¿Qué es? Tomaste algo personal y ni siquiera hablaban de vos, ¡ni siquiera pensaban en vos! Es que a veces ni escuchamos bien, porque no estamos ahí. El enojo nos lleva a ese lugar… de antiguas reacciones que surgen por viejas historias que vuelven. Que no tiene que ver con lo que ahí ocurre sino con heridas de antes. Preocupaciones como, “¿Me están faltando el respeto?”, “ ¿estoy siendo cuidado?” Esta mente dramática quiere hacer de todo un problema mucho mayor de lo que realmente es.

La mayoría de los enojos surgen de un mal manejo de nuestros recursos mentales. Si hay algo que repetidamente te enoja, una y otra vez, estás siendo víctima de la mente dramática y ¡se puede apagar! Y el modo de apagarla es decir ¡espera! Así, al hacer más grande el espacio de tiempo entre estímulo y respuesta, damos lugar a una mente intencional.

(Por si acaso hiciera falta, aclaro, no hay realmente muchas “mentes” dentro de uno, es una manera pedagógica en que Brendon explica su punto, ya que al momento de estar enojado parece que realmente cambiara la lógica de cómo pensamos usualmente).

Pues esta mente intencional es la que puede decir “cómo lidiaría con esto si me sintiera bien”, “cómo manejaría esto si quisiera sentirme orgulloso de mí mismo”. Entonces se puede escuchar, preguntar, relacionarse con el otro sin pelear. Entender qué es lo que realmente está ocurriendo. Para recomponerte y encontrar en eso orgullo y fortaleza.

Si cada mañana te enojás camino al trabajo con los conductores de autos y pasa eso ¡cada mañana!, es que no has podido aprender a anticipar y ajustar tu respuesta a ello, a ese evento que te saca de quicio. Y eso te hace un niño. ¡Pero no es la idea criticar! La idea es que puedas dar un paso atrás, y actuar como adulto, pensar “a ver… hay una mejor manera de lidiar con esto?” Es por vos, tu salud, tu relación con los otros.


Entonces repasemos: Se trata de que cuando llega el enojo nos decimos “¡espera!” Así se alarga el tiempo entre el estímulo (el auto que se te tira encima) y la respuesta (insultar al conductor) y ahí aparece la intención, aparece tu poder personal.

Esperar, tener paciencia, que la paciencia es una virtud. Y tené paciencia para esperar por las otras 3 maneras para controlar el enojo. Te aseguro que te van a mover las estanterías.


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